En este momento estás viendo 16. Fomentar cualidades o corregir defectos

16. Fomentar cualidades o corregir defectos

2

Fomentar cualidades, camino seguro hacia el éxito

Normalmente multiplicamos
aquello a lo que prestamos atención,
aunque sea con el propósito de corregirlo.

¿fomentar cualidades o corregir defectos?

Fomentar cualidades, condición de eficacia

Fomentar cualidades… 

Como ya he comentado, y pese a que al reflexionar sobre ello a menudo nos puede llagar a parecer obvio, resulta difícil convencerse operativamente, en la educación de nuestros hijos y en el trato con nuestro cónyuge, de que fomentar cualidades es siempre mucho más rentable que corregir defectos.

Y más todavía —añado ahora— de que lo mejor que puede hacerse con los defectos es ¡ignorarlos!

¿Ignorar los defectos?

¿Qué es eso de ignorar los defectos de las personas a las que amo? ¿Cómo voy a ayudarles a vencerlos si no los saco a la luz? ¿No significa más bien desentenderme de ellas, no quererlas de veras?

No. Significa empeñarte en prestar atención a lo mejor de cada uno, en fomentar cualidades, que es lo auténticamente eficaz.

Lo mejor que puede hacerse con los defectos es
¡ignorarlos!,
¡no prestarles la menor atención!

Comprobación experimental

¿Corregir defectos o fomentar cualidades?: primer experimento

Para los más recalcitrantes, me limito a transcribir, literalmente, la primera parte del experimento que recoge Elisabeth Lukas (en Equilibrio y curación a través de la logoterapia. Barcelona: Paidós, 2004, pp. 55-57).

Estas son sus palabras:

«La elección de a qué prestamos preferentemente nuestra atención es un acto del que dependen muchas cosas, tal como se demuestra en el pequeño experimento de la psicología conductista que presentamos a continuación:

Comienza el experimento

“Eran las 9:20 de la mañana en una clase de niños de enseñanza primaria; cuarenta y ocho alumnos y dos profesores. El aula disponía de dos espacios con una pared corredera en medio. Las mesas estaban distribuidas en seis grupos de ocho niños cada uno. Los alumnos habían recibido unos deberes, que debían realizar en su sitio, mientras los dos profesores, jóvenes y capacitados, enseñaban a leer por separado en grupos reducidos.

Los observadores entraban en el aula, se sentaban y, durante los veinte minutos siguientes, iban anotando, a intervalos de diez segundos, el número de niños que no estaban en su sitio. El estudio se prolongó durante seis días. Los observadores también anotaban la frecuencia con que los profesores pedían a los niños que se sentaran o que volvieran a su sitio.

Durante estos primeros seis días, se registraron tres niños alejados de su silla cada diez segundos, mientras que los profesores dijeron ‘sentaos’ unas siete veces durante los veinte minutos de observación.

Siete advertencias,
tres infracciones.

Cambio de rumbo

Entonces ocurrió algo sorprendente.

Se pidió a los profesores que dijeran ‘sentaos’ a los niños con más frecuencia.

Durante los doce días siguientes, los maestros dijeron 27,5 veces ‘sentaos’ en cada intervalo de veinte minutos, y hubo más niños levantados (una media de 4,5 cada diez segundos).

Veintisiete advertencias «y media»,
cuatro infracciones «y media».

¿fomentar cualidades o corregir defectos?

Nuevo cambio de sentido

Hicimos otra prueba.

Durante los ocho días siguientes, los profesores volvieron a decir solo 7 veces ‘sentaos’ en los veinte minutos [fomentar cualidades].

La cantidad de alumnos que abandonaros su silla volvió a la media de tres cada diez segundos.

Siete advertencias,
tres infracciones.

Una nueva inversión de ruta

Entonces, volvimos a pedir a los profesores que dijeran ‘sentaos’ más a menudo (28 veces en veinte minutos).

Los niños volvieron a levantarse otra vez con más frecuencia, 4 veces cada diez segundos.

Veintiocho advertencias,
cuatro infracciones.

defectos, limitaciones, diferencias

Comprobación definitiva: la eficacia de fomentar cualidades

Finalmente, pedimos a los profesores que se abstuvieran completamente de decir ‘sentaos’ [¡fomentar cualidades!]

y, en su lugar, elogiaran el hecho de trabajar y quedarse sentado.

Lo hicieron bien, y menos de dos niños se levantaron cada diez segundos (la cifra más baja de todas las observaciones).”

Ninguna advertencia
(solo elogios),
solo dos infracciones
(el menor número
en absoluto).

Más correcciones-advertencias, más infracciones.
Menos correcciones-advertencias, menos infracciones.
Elogios justificados, ¡la mejor conducta!

¿Corregir defectos o fomentar cualidades?: segundo experimento

No contentos con esta primera comprobación experimental, los autores de la prueba quisieron reforzarla.

De nuevo lo cuenta Lukas, cuyas palabras transcribo también de manera literal:

Desarrollo

El refuerzo de lo negativo

«Veamos cuánto se puede reforzar lo negativo si solo nos fijamos en ello:

“En un experimento, transformamos una clase ‘buena’ en una clase ‘mala’ por unas semanas. Sugerimos al profesor que no elogiara más a sus alumnos [no fomentar cualidades]. Cuando dejó de elogiarlos, la conducta perturbadora no deseada aumentó de un 8,7% a un 25,5%. El profesor reprobó el mal comportamiento y se abstuvo de elogiar [fomentar cualidades] la conducta de los niños que estaban haciendo sus deberes.

Cuando pedimos al profesor que, en lugar de 5 veces en veinte minutos, reprobara a sus alumnos 16 veces en veinte minutos, la conducta perturbadora aumentó todavía más. Subió hasta una media de 31,2% y se mantuvo durante unos días por encima del 50%.

La mala conducta aún se acentuó más por la atención que se le prestaba a la misma.

La eficacia del elogio

Cuando los niños volvieron a ser elogiados [fomentar cualidades], retornó la predisposición al trabajo.”

fomentar cualidades
fomentar cualidades

El exceso de advertencias y correcciones 
transforma un comportamiento positivo
en otro reprobable.

Moraleja

El experimento muestra cómo una conducta perturbadora no deseada de un grupo de niños puede aumentar, en pocas semanas, de un 8,7% a la alarmante cifra de 50%.

¡Y solo con la atención que se presta a esta conducta

Una conducta perturbadora aumenta
por el solo hecho de prestarle atención.

Enseñanza: la “trampa” de la crítica

La crítica se realimenta, multiplicando el mal comportamiento

Lo que quedó comprobado en estos experimentos fue la llamada “trampa de la crítica”, es decir, que, en la mayoría de los casos, lo que hace la crítica reforzada es provocar realmente la conducta que se critica.

Y como la conducta perturbadora que se critica se ve reforzada, entonces se critica más todavía, y esta crítica vuelve a reforzar la conducta, a no ser que se reduzca la crítica a pesar de la conducta perturbadora repetida y se dirija la atención hacia lo positivo [fomentar cualidades], lo cual, en la vida real, fuera de un marco experimental, no resulta fácil.

Fomentar cualidades… ¡el triunfo definitivo!

A ello se añade el agravante de que la crítica obtiene a menudo un éxito a corto plazo, que hace olvidar el mecanismo fundamental de la trampa.

Así, el ‘sentaos’ de los profesores en el día a día escolar antes citado hace que los niños se sienten momentáneamente, aunque después se vuelve a levantar con una frecuencia todavía mayor, y aquel sentarse momentáneo puede crear la ilusión de que la crítica era correcta y oportuna.

Sin embargo, su efecto final es el contrario, porque obliga a los profesores a fijarse en lo negativo y no en lo positivo, y porque aquello en lo que nos fijamos mentalmente siempre experimenta un refuerzo».

defectos, limitaciones, diferencias

La “trampa de la crítica”:
en la mayoría de los casos, la crítica reiterada
provoca más y más la conducta que se critica.

Conclusión

Frente a lo que a menudo se opina,
está absolutamente comprobado
que fomentar cualidades es mucho más eficaz
que intentar eliminar defectos.

Tomás Melendo
Presidente de Edufamilia
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es