Diez principios y una clave para educar correctamente (3: Amor de los padres entre sí).

Otra vez el amor… ¡entre los cónyuges!

couple-260899_1280La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí.

«Hacemos que no le falte de nada, estamos pendientes hasta de sus menores caprichos, y sin embargo…».

Expresiones como esta las oímos a menudo, proferidas por tantos padres que se vuelcan aparentemente sobre sus hijos: alimentos sanos, reconstituyentes y vitaminas; juegos más y más sofisticados, móviles y ordenadores con todos los avances imaginables; vestidos y demás prendas de marca; vacaciones junto al mar o en la nieve, diversiones sin tasa de cantidad ni de tiempo ni de precio; resolución de problemas o de gestiones que deberían realizar los hijos, transportes en coche cuando lo mejor es que tomaran el autobús o fueran a pie, etc.

Es decir, de padres que se entregan aparentemente a sus hijos, pero que —tal vez, sin advertirlo— se olvidan de lo más importante que precisan los críos: que los propios padres se amen y estén unidos entre sí.

No olvidemos lo único radicalmente importante:
nuestro amor recíproco de cónyuges.

El mismo y fundamental amor

El cariño mutuo de los padres es el que ha hecho que los hijos vengan al mundo. Y el mismo afecto recíproco debe completar la tarea comenzada, ayudando al niño a alcanzar la plenitud y la felicidad a que se encuentra llamado.

El complemento natural de la procreación, la educación, ha de estar movido por las mismas causas que engendraron al hijo: el amor de los padres entre sí.

Hace ya bastantes siglos que se dijo que, al salir del útero materno, donde el líquido amniótico lo protegía y alimentaba, el niño reclama imperiosamente otro útero y otro líquido, sin los que no podría crecer y desarrollarse. A saber, los que suscitan el padre y la madre al quererse de veras.

La educación ha de estar movida
por las mismas causas que dieron origen al hijo

Un amor que los hijos percibanfamily-1466262_1920

Por eso, como fruto natural de su amor recíproco, cada uno de los esposos debe:

a) Mostrar con delicadeza, también para que los hijos lo adviertan, el cariño hacia su marido o su mujer (probablemente, nada resulte más gratificante y educativo para un hijo que advertir cómo se quieren sus padres: ahí aprende lo que es el amor y cómo debe tratarse a una persona).

b) Y, además, y como consecuencia: engrandecer la imagen del otro ante los hijos y evitar cuanto pueda hacer disminuir el cariño de estos hacia su cónyuge.

Desde que los críos son muy pequeños, sus padres han de manifestar, prudente pero claramente, el afecto que los une, con gestos y palabras: «nunca agradeceré lo bastante a mis padres el que se besaran con cariño delante de mí», me comentaba no hace mucho una chica de unos veinticinco años.

Desde que los críos son muy pequeños,
sus padres han de manifestar,
con la misma prudencia que claridad, el afecto que los une.

Atento también a los detalles

Y han de prestar atención:

♣  A no hacerse reproches mutuos ni comentarios irónicos delante de ellos.

  A no permitir uno lo que el otro prohíbe. La pregunta que debe salir casi por instinto, ante una consulta del hijo o la hija, ha de ser: «¿qué te ha dicho papá o mamá?». Aunque luego, si opinaran de manera distinta, deban hablar a solas para ponerse de acuerdo.

  A evitar de plano ciertas aberrantes recomendaciones al niño, que le llevaría a desconfiar del otro cónyuge: «esto no se lo digas a papá o a mamá».

  Y otros muchos detalles por el estilo.

Más aún, puesto que nuestro amor mutuo está en el origen del surgimiento y del desarrollo de nuestros hijos, cada vez que estemos con uno de ellos hemos de intentar comprenderlo, quererlo y tratarlo también con la inteligencia, el corazón y el modo de ser de nuestro cónyuge: pues es a ambos, queriéndose mutuamente, a quienes él o ella necesitan.

En efecto, el amor entre los padres, así conjuntado, constituye el principal e ineludible motor para el correcto desarrollo de cada hijo.

El amor de los padres entre sí
es el principal motor de la educación de los hijos.

(continuará)

 

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

Leer también:

1. Diez principios y una clave…: Educar no es sencillo

2. Diez principios y una clave…: Amor real a cada hijo

3. Diez principios y una clave…: Amor de los padres entre sí

4. Diez principios y una clave…: Enseñar a querer

5-1. Diez principios y una clave…: La fuerza del ejemplo

5-2. Diez principios y una clave…: La coherencia de vida

6-1. Diez principios y una clave…: Fomentar cualidades, más que corregir defectos

6-2. Diez principios y una clave…: Quererlos mejor de lo que son

7-1. Diez principios y una clave…: La autoridad, manifestación de buen amor

7-2. Diez principios y una clave…: Firmeza y dulzura

8. Diez principios y una clave…: Corregir adecuadamente

9. Diez principios y una clave…: ¡Disfrutar con lo bueno y lo bello!

10. Diez principios y una clave…: Querer bien su bien

11. Diez principios y una clave: ¡Fomentar su libertad!

12. Diez principios y una clave: Colaborar con Dios

 

Nota (tres libros sobre estas cuestiones):

Melendo, Tomás: Diez principios y una clave para educar correctamente. Amazon, 2016.

Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 3ª ed. 2011; o, con el mismo contenido,  Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. México: Trillas, 2009.

Menchén, Bartolomé-Melendo, Tomás: Quiénes son nuestros hijos y qué esperan de nosotros: “Para educar con hondura”. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 2013.