Diez principios y una clave para educar correctamente (12: Colaborar con Dios).

El amor de los amores.

El breve y rapsódico conjunto de sugerencias ofrecidas en los artículos que han precedido estaría aún más incompleto si no dejara constancia de este último y muy fundamental precepto, que debe acompañar y arropar a todos y cada uno de los anteriores: recurrir a la ayuda de Dios.

michelangelo-71282_1280Educar procede de e-ducere, ex-traer, hacer surgir. El agente principal e insustituible es siempre el propio niño. De una manera todavía más profunda, Dios, en el ámbito natural o por medio de su gracia, interviene en lo más íntimo de la persona de nuestros hijos, haciendo posible su perfeccionamiento.

Sabemos, o deberíamos saber, que ningún hijo es «propiedad» de los padres; se pertenece a sí mismo y, en última instancia, a Dios.

Por tanto, y como apuntaba en más de una ocasión, no tenemos ningún derecho a hacerlos a «nuestra imagen y semejanza».

Nuestra tarea consiste más bien en «desaparecer» en beneficio del ser querido, poniéndonos plenamente a su servicio para que puedan alcanzar la plenitud que a cada uno le corresponde: ¡la suya!, única e irrepetible.

Colaboradores de Dios

Como consecuencia, el padre o la madre, los demás parientes, los maestros y profesores… pueden considerarse colaboradores de Dios en el crecimiento humano y espiritual del chico; pero es este el auténtico protagonista de tal mejora.

A los padres en concreto, en virtud del sacramento del matrimonio, se les ofrece una gracia particular para asumir tan importante tarea… que humanamente los sobrepasa.

Por todo ello es muy conveniente:

a) Que, sobre todo en momentos de especial dificultad, pero no solo en ellos, invoquen la ayuda y el consejo de Dios…1004744038-1

b) Y, cosa mucho más difícil y costosa, que sepan abandonarse en Él cuando parece que sus esfuerzos no dan los resultados deseados o que el chico —en la adolescencia, por poner un ejemplo, una etapa… que puede hoy durar casi hasta los cuarenta o más años— enrumba caminos que nos hacen sufrir.

c) Además, no debe olvidarse el gran servicio gratuito del Ángel Custodio, a quien el propio Dios ha querido encargar el cuidado de nuestros hijos.

d) Y, sobre todo, recordar que la Virgen continúa desde el cielo desplegando su acción materna, de guía y de intercesión.

Conclusión final

Y todo lo anterior conviene no solo hacerlo… sino enseñar a los hijos a que también lo hagan.

En resumen: enseñarles a tener en cuenta la acción insustituible de Dios puede constituir la herencia más valiosa que, en el conjunto íntegro de la educación, los padres leguen a sus hijos.

 

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

Leer también:

1. Diez principios y una clave…: Educar no es sencillo

2. Diez principios y una clave…: Amor real a cada hijo

3. Diez principios y una clave…: Amor de los padres entre sí

4. Diez principios y una clave…: Enseñar a querer

5. Diez principios y una clave…: La fuerza del ejemplo

6. Diez principios y una clave…: Fomentar cualidades

7-1. Diez principios y una clave…: Autoridad sin arbitrariedad

7-2. Diez principios y una clave…: Firmeza y dulzura

8. Diez principios y una clave…: Corregir adecuadamente

9. Diez principios y una clave…: Enseñar deleitando

10. Diez principios y una clave…: Querer bien su bien

11. Diez principios y una clave…: Fomentar su libertad

Nota

Para todos los artículos relativos a la educación de los hijos, puede verse, con un desarrollo mucho más amplio, Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 3ª ed. 2011; o, con el mismo contenido,  Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. México: Trillas, 2009.

En la misma línea, pero con una perspectiva más honda, cabría consultar también: Menchén, Bartolomé-Melendo, Tomás: Quiénes son nuestros hijos y qué esperan de nosotros: “Para educar con hondura”. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 2013.