Diez principios y una clave para educar correctamente (12: Colaborar con Dios).

En última instancia, educar a un hijo
es poner todos los medios a nuestro alcance
para que libremente emboque el camino
que hará de él un interlocutor del amor de Dios
¡por toda la eternidad!

Dios y los hijos

El breve y rapsódico conjunto de sugerencias ofrecidas hasta el momento estaría aún más incompleto si no dejara constancia de este último y muy fundamental principio, que debe acompañar y arropar a todos y cada uno de los precedentes: recurrir a la ayuda de Dios.

Educar procede de e-ducere, ex-traer, hacer surgir. El agente principal e insustituible es siempre el propio niño. De una manera todavía más profunda, Dios, en el ámbito natural o por medio de su gracia, interviene en lo más íntimo de la persona de nuestros hijos, haciendo posible su perfeccionamiento.

Sabemos, o deberíamos saber, que ningún hijo es propiedad de los padres; se pertenece a sí mismo y, en última instancia, a Dios.

Por tanto, y según he sugerido en más de una ocasión, no tenemos ningún derecho a hacerlos a «nuestra imagen y semejanza».

Nuestra tarea consiste, como apuntaba, en desaparecer en beneficio del ser querido, poniéndonos plenamente a su servicio para que pueda alcanzar la plenitud que a cada uno le corresponde: ¡la suya!, única e irrepetible.

Nuestra tarea consiste en desaparecer
en beneficio de cada hijo,
poniéndonos totalmente a su servicio
para que pueda alcanzar
la plenitud, única e irrepetible, que le corresponde.

Colaboradores de Dios

Como consecuencia, el padre o la madre, los demás parientes, los maestros y profesores… pueden considerarse colaboradores de Dios en el crecimiento humano y espiritual del chico.

Pero es este el auténtico protagonista de su mejora.

A los padres en concreto, en virtud del sacramento del matrimonio, se les ofrece una gracia particular para asumir tan importante tarea.

Por todo ello es muy conveniente:

♠  Que, sobre todo en momentos de especial dificultad, pero no solo en ellos, invoquen la ayuda y el consejo de Dios…

♣ Y, cosa mucho más difícil y costosa, que sepan abandonarse en Él cuando parece que sus esfuerzos no dan los resultados deseados o que el chico enrumba caminos que nos hacen sufrir: por ejemplo, en la adolescencia, una etapa que puede hoy durar… casi hasta los cuarenta años ¡o más!

♥ Además, no debe olvidarse el gran servicio gratuito del ángel custodio, a quien el propio Dios ha querido encargar el cuidado de nuestros hijos.

♦ Y, sobre todo, recordar que la Virgen continúa desde el cielo desplegando su acción materna, de guía y de intercesión.

Los auténticos protagonistas
de la educación de cada hijo
son ese mismo hijo y Dios.

 

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

Leer también:

1. Diez principios y una clave…: Educar no es sencillo

2. Diez principios y una clave…: Amor real a cada hijo

3. Diez principios y una clave…: Amor de los padres entre sí

4. Diez principios y una clave…: Enseñar a querer

5-1. Diez principios y una clave…: La fuerza del ejemplo

5-2. Diez principios y una clave…: La coherencia de vida

6-1. Diez principios y una clave…: Fomentar cualidades, más que corregir defectos

6-2. Diez principios y una clave…: Quererlos mejor de lo que son

7-1. Diez principios y una clave…: La autoridad, manifestación de buen amor

7-2. Diez principios y una clave…: Firmeza y dulzura

8. Diez principios y una clave…: Corregir adecuadamente

9. Diez principios y una clave…: ¡Disfrutar con lo bueno y lo bello!

10. Diez principios y una clave…: Querer bien su bien

11. Diez principios y una clave: ¡Fomentar su libertad!

12. Diez principios y una clave: Colaborar con Dios

 

Nota (tres libros sobre estas cuestiones):

Melendo, Tomás: Diez principios y una clave para educar correctamente. Amazon, 2016.

Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 3ª ed. 2011; o, con el mismo contenido,  Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. México: Trillas, 2009.

Menchén, Bartolomé-Melendo, Tomás: Quiénes son nuestros hijos y qué esperan de nosotros: “Para educar con hondura”. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 2013.