Diez principios y una clave para educar correctamente (11: Fomentar su libertad).

Educar no es solo respetar,
sino fomentar positivamente la libertad de cada hijo,
de acuerdo con su edad y circunstancias.

Educar la libertad, potenciar el amor.

En lo que atañe a la libertad, la tarea del educador es doble:

a) Hacer que el educando tome conciencia del valor de la propia libertad.

b) Y enseñarle a ejercerla correctamente.

 

Pero no resulta fácil entender a fondo lo que es la libertad y su estrecha relación con el bien y con el amor.

No es fácil comprender
que el principal enemigo de la propia libertad
es el egoísmo.

La libertad de «desatenderse»

Aunque no sea ahora el momento de fundamentarlo, en última instancia es libre quien se libera de la esclavitud del egoísmo: quien es capaz de8370357857_704819edae_b querer el bien del otro en cuanto otro, olvidándose de sí; quien es capaz de amar.

¿Cómo empezar a intuirlo?

Por contraposición a lo que sucede a los animales.

♣  Lo libre se entiende con relativa facilidad al oponerlo a lo necesario y exigido o predeterminado.

  Y, como los instintos animales les obligan a perseguir sin remedio su propio bien —determinado por sus instintos—, la libertad se concreta, por contraste, en querer lo que no resulta obligado por nuestros instintos-tendencias: es decir, el bien del otro, precisamente en cuanto otro.

Actúa con libertad quien supera
la esclavitud del propio yo.

La suprema libertad del amor

¿Quién es auténticamente libre?

El que, una vez conocido, hace el bien porque quiere hacerlo, por amor a lo bueno.

Al contrario, va «perdiendo» su libertad quien obra de manera incorrecta, porque, en el fondo, no resulta capaz de querer y hacer lo que querría y debería querer y hacer.

Un hombre puede quitarse la vida porque es «libre», pero nadie diría que el suicidio lo mejora en cuanto persona o incrementa su libertad.

Educar en la libertad significa, por tanto, ayudar a distinguir lo que es bueno —para los demás y, como consecuencia, para la propia felicidad—, y animar a realizar las elecciones consiguientes, siempre por amor.

Educa en la libertad quien ayuda a distinguir lo bueno
y anima a realizarlo, siempre por amor.

¡Amar la libertad de nuestros hijos!

2276291613_d941f6a8d3_oConceder con prudencia una creciente libertad a los hijos contribuye a tornarlos responsables, capaces de crecer por sí mismos, de amar libremente, de ser mejores personas y, como consecuencia última, de ser felices y dichosos.

Y eso se empieza desde muy pronto, incluso desde antes del nacimiento de cada uno: cuando, contemplándolo con los ojos del alma en el vientre de la madre, advertimos que es más hijo de Dios que hijo nuestro y que nuestra tarea como padres consiste en desaparecer, olvidándonos de nuestras preferencias, excepto en la exclusiva medida en que les ayudemos a ellos a avanzar en su camino de retorno a Dios.

Frente a la reiterada afirmación de que la propia libertad termina donde comienza la de los demás, es mucho más cierto y profundo el convencimiento de que la propia libertad solo crece cuando promueve la libertad de los otros.

Por eso, cualquier tipo de dependencia de los hijos respecto a sus padres indica una falta de auténtica capacidad educativa: un excesivo apego al propio yo, que nos roba libertad y redunda en mal de los hijos.

Nosotros no contamos. Lo que radicalmente importa es el bien real de cada hijo, que solo pueden alcanzar ejerciendo su libertad: de ahí nuestro empeño por promoverla constantemente y mejorarla.

La propia libertad solo crece
cuando sabe promover la de los otros.

Y fomentarla

Una larga experiencia de educador permitía afirmar a san Josemaría Escrivá: «Es preferible que [los padres] se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar siempre».

En definitiva, igual que antes afirmaba que el objetivo de toda educación es enseñar a amar, puede también decirse —pues en el fondo es lo mismo— que educar equivale a ir haciendo progresivamente más libre e independiente a quienes tenemos a nuestro cargo: que sepan valerse por sí mismos, ser dueños de sus decisiones, con plena libertad y total responsabilidad.

Educar no es solo respetar,
sino fomentar positivamente la libertad de cada hijo:
procurar que en cada momento sepa y pueda valerse por sí mismo, ser dueño de sus decisiones.
Solo entonces será capaz de amar.

 

(continuará)

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

Leer también:

1. Diez principios y una clave…: Educar no es sencillo

2. Diez principios y una clave…: Amor real a cada hijo

3. Diez principios y una clave…: Amor de los padres entre sí

4. Diez principios y una clave…: Enseñar a querer

5-1. Diez principios y una clave…: La fuerza del ejemplo

5-2. Diez principios y una clave…: La coherencia de vida

6-1. Diez principios y una clave…: Fomentar cualidades, más que corregir defectos

6-2. Diez principios y una clave…: Quererlos mejor de lo que son

7-1. Diez principios y una clave…: La autoridad, manifestación de buen amor

7-2. Diez principios y una clave…: Firmeza y dulzura

8. Diez principios y una clave…: Corregir adecuadamente

9. Diez principios y una clave…: ¡Disfrutar con lo bueno y lo bello!

10. Diez principios y una clave…: Querer bien su bien

11. Diez principios y una clave: ¡Fomentar su libertad!

12. Diez principios y una clave: Colaborar con Dios

 

Nota (tres libros sobre estas cuestiones):

Melendo, Tomás: Diez principios y una clave para educar correctamente. Amazon, 2016.

Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 3ª ed. 2011; o, con el mismo contenido,  Melendo, Tomás: Todos educamos mal… pero unos peor que otros. México: Trillas, 2009.

Menchén, Bartolomé-Melendo, Tomás: Quiénes son nuestros hijos y qué esperan de nosotros: “Para educar con hondura”. Madrid: Ediciones internacionales universitarias, 2013