Amor y felicidad en el matrimonio (6. Querer y querer-querer)

El amor en tres pasos.

Con los elementos expuestos hasta ahora, cabe realizar un escalonamiento en tres pasos y conocer mejor la naturaleza del amor.

a) Más que una pasión o un sentimiento… aunque de ordinario los incluya

El primer paso es más bien negativo:  descarta lo que no  es el amor.

heart-1783918_1920El amor no  es una simple pasión o un mero sentimiento. No  es un afecto sensible o una emoción ni un conjunto más o menos complejo de afectos, emociones o sentimientos.

Pero, aun no siendo fundamental ni esencialmente un sentimiento  ni la unión de varios de ellos, en ningún caso tiene por qué excluirlos.

Al contrario, el amor humano nunca es pleno cuando el acto de voluntad no se encuentra acompañado, enriquecido y resellado por los sentimientos pertinentes: la ternura  y la delicadeza  al tratar a los niños; la compasión  con quien está atravesando un mal momento; la alegría, al ver disfrutar a nuestro cónyuge o a nuestros hijos, hermanos y amigos; la tristeza, cuando advertimos que lo que hacen o les sucede les está perjudicando seriamente…

Por eso, someter los afectos a la inteligencia y a la voluntad no significa siempre aplacar, posponer o acallar los sentimientos. Sino que, en bastantes casos, habrá que fomentarlos, hacerlos surgir o crecer, arraigarlos con más firmeza, enriquecerlos con nuevos matices…

Habrá, por ejemplo, que: intentar compadecernos  de quien sufre, aunque de entrada nos resulte indiferente; disfrutar  con el triunfo de nuestros amigos, aun cuando inicialmente nos despierten más bien la envidia; enternecernos  ante una deformidad física o una herida en mal estado, que instintivamente nos producen más bien repugnancia y rechazo…

Con otras palabras: moderar los sentimientos por amor no equivale a disminuirlos ni, menos aún, a reprimirlos. Quiere decir otorgarles la medida, la disposición y el orden más adecuados para la plenitud del amor. Y esto se logra a menudo suscitando, arraigando y engrandeciendo tales sentimientos o emociones.

b) Una decidida decisión de la voluntad

El segundo paso en nuestra comprensión del amor consistirá en recordar y resaltar su carácter de acto  eminentemente activo:  no es algo que nos sucede, sino un acto que libremente ejercemos.

En efecto, el amor es una firme determinación de la voluntad  e incluso, precisando más, una auto-determinación de esa misma voluntad, con lo que lleva consigo de auto-dominio.

Con acierto lo expresa Elisabeth Lukas: «Por todo ello es capaz de hacer lo que sea necesario: dejar ser al otro, dejarlo ir, no retenerlo, con lágrimas en los ojos si es necesario, pero con afecto sincero. El tiempo pasa y el amor permanece; los sentimientos se difuminan y el amor permanece; la muerte deshace los compromisos y el amor permanece. ¿Cómo podría un sí sin condiciones convertirse en un no cuando las condiciones cambian, cuando el otro toma un rumbo diferente, enferma o muere? Aquella parte fundamental de la relación mutua que era amor “sobrevive” incluso al fin de la relación».

¿Cómo podría un sí sin condiciones
convertirse en un no cuando las condiciones cambian?

c) Potenciada por la propia voluntad

Por fin, el amor auténtico goza de la capacidad de potenciarse a sí mismo, mediante el querer-querer, capaz de liberar energías prácticamente infinitas.heavy-934552_1280

Todos tenemos experiencia de ese querer-querer, aunque no sepamos explicar bien en qué consiste. A veces lo llamamos esforzarnos  o empeñarnos  o emperrarnos  o volver a la carga  o, incluso, obsesionarnos, como antes decía, pero bien entendido, sin el menor asomo de desajuste psíquico.

Se trata, por así decir, de un volver  de la voluntad sobre su propio acto: de un volver del querer  sobre elquerer, para originar, precisamente, un querer-querer, un nuevo empeño en querer.

Algo que llevamos a cabo, de manera más o menos espontánea, cuando ese primer acto de querer no es suficiente para el fin que pretendemos: amar al propio cónyuge en un momento de crisis o, sobre todo, y ojalá sea esto lo ordinario, incrementar el cariño mutuo en las etapas de mayor exaltación y gozo. (También y, ante todo, por tanto, cuando estoy conscientemente queriendo y disfrutando con mi amor. No sólo ni en primer término cuando no logro querer y me esfuerzo en conseguirlo. Aunque tal vez en estos últimos casos, por contraste, mi actividad resulte más patente.)

De cualquier modo, lo que importa es caer en la cuenta de que, al volver sobre sí, al querer-querer, la voluntad robustece y aumenta su capacidad de amar. Es decir, acaba por obtener el objetivo propuesto, aumentando la fuerza y calidad de su amor. Y, para conseguirlo, de ordinario pone en juego también otros resortes: la recreación de los momentos mágicos pasados juntos; la atención a los aspectos más agradables de la persona que en otro tiempo quisimos locamente y hoy solo de una manera relativa o que se nos antoja todavía no suficiente; la forja de proyectos comunes ya cumplidos o aún inéditos…

Sobre todo cuando ejerce y experimenta
los amores más grandes, que, sin embargo,
aún se le antojan pequeños,
la voluntad se siente inclinada a reduplicar su amor,
a querer-querer

 

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

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Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).