Amor y felicidad en el matrimonio (4. Querer: la voluntad… y todo nuestro ser)

El equilibrio necesario.

Es muy importante mantener el equilibrio entre las dos posturas a las que aludí en el artículo precedente.

Dos maneras de entender el amor que, aisladas y sin relación entre sí, darían origen a peligrosos errores teóricos y a desviaciones de la conducta, a veces irreparables:

acro-yoga-815290_1920a) De un lado, la que reduce todo el amor a un simple y desnudo  acto de la voluntad, sin repercusiones ni intervención de las restantes potencias y actividades.

b) Y, en el polo contrario, la que entiende el amor al margen  del ejercicio de la voluntad: como si se tratara, por poner el caso más frecuente, de un mero sentimiento o de un conjunto de ellos.

Muy al contrario, conviene repetir y dejar muy claro que:

a) El amor implica a la persona toda: no solo ciertos elementos o facultades, ni siquiera los más nobles, como el entendimiento o la voluntad.

b) Pero se enraíza, como en su núcleo, en la voluntad, en el acto de querer: pues si no se centra y nutre de él decae en sentimentalismo, en el imperio de los deseos o caprichos, en la arbitrariedad…

Al amar ponemos en juego toda la persona,
pero dirigida por la voluntad

Toda la persona

Por una parte, es toda la persona  quien se encuentra plena, íntima e intensamente implicada en cualquier acto de amor verdadero, cuyo término será siempre el bien de otra persona.

El amor es una realidad inter-personal, en el sentido más amplio y a la vez más intenso de esta expresión.

Se establece entre personas  y compromete lo más personal  de cada una.

El amor es una realidad inter-personal,
en el sentido más amplio y fuerte de esta expresión

Bajo el imperio de la voluntad

Por otra parte, y justo por implicar a la persona toda, el motor, la raíz y el man-2608588_1920fundamento del amor auténtico es siempre un acto de la voluntad.

Un acto de la voluntad dirigido a lo más noble que existe —otra persona—, para proporcionarle un bien que efectivamente lo sea. Es decir, algo que la perfeccione, que le ayude a ser una persona mejor y, como consecuencia, más feliz.

Y, como ya he sugerido, para suministrarle ese bien, la voluntad moverá, en quien ama, todos  los resortes necesarios:

a) en primer lugar y siempre, la inteligencia, que nos permite descubrir lo que más conviene en ese momento a quien queremos;

b) y, según de qué se trate en cada caso, todo  lo que se requiera para conseguir ese bien (si es algo ya existente) o para confeccionarlo (si ha de surgir como fruto de nuestras acciones) y, así, ofrecérselo a quien amamos.

El amor implica, pues, a la persona toda, pero su núcleo es un acto de voluntad, conocido como querer.

El amor implica a toda la persona,
pero su núcleo es un acto de voluntad: el querer

 

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

Leer también:

1. Amor y felicidad en el matrimonio: ¿Engaños en el amor?

2. Amor y felicidad en el matrimonio: ¡Aprender a amar!

3. Amor y felicidad en el matrimonio: Querer: la voluntad… y más

Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).