El perdón, un seguro de vida para el matrimonio

Murmura, murmura… que algo queda

En realidad, el título de este epígrafe me lo ha sugerido el comentario de un buen amigo que, a veces, con una sonrisa de complicidad, cuando nos disponemos a tomar juntos una copa o pasar un rato de charla, comenta con gracia:

— ¡Vamos a murmurar, que eso une mucho!

Lógicamente, como el lector habrá intuido, es entonces cuando nadie murmura en absoluto. Pero la idea que pretendo transmitir ahora es la que aparecerá en el primer subtítulo de este apartado: que los desaires o desafectos arruinan el amor y el matrimonio cuando, en lugar de darles la salida oportuna, se guardan dentro de uno, se incuban, se engrandecen, se de-forman… y acaban por trans-formarse en un peso imposible de soportar.

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Padres ejemplares (La primera condición para educar correctamente)

A modo de introducción: Cavilaciones de una madre “de andar por casa” sobre los “padres ejemplares” (Por Marta Román)

Vaya título: “Padres ejemplares”.

Anda que no habré escuchado veces… Que si Fray Ejemplo… Que si los críos se enteran de todo…

¡Qué más quisiera yo que ser una madre ejemplar!

A mí ser madre me ha convertido en madre, pero de ahí a que me haya convertido en “ejemplar”, va un abismo. Soy más bien, “madre de andar por casa”.

Pero vamos, que no soy la única. Miro a los matrimonios amigos y son buena gente, pero de eso a “padres ejemplares”… Son más bien, “padres de andar por casa”.

Claro, que Tomás Melendo no da ningún “ejemplo de padres ejemplares”. ¿Será que no los hay? Sólo se refiere al ejemplo de cada uno para con sus hijos. A lo mejor es que ser padres ejemplares no es ser “padres técnicamente perfectos”. A lo mejor es algo al alcance de cualquier padre de andar por casa. Conociendo a Tomás, no me extrañaría.
 

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¡Claro que el amor es «lo que importa»!

A modo de introducción: Bodas “De etiqueta” y bodas de “Sí, quiero” (Por Marta Román)

Qué manía le ha dado a todo el mundo con poner etiquetas a las bodas y a lo que de ellas se deriva, es decir, a las familias. Hoy en día se reducen a dos: “Tradicional”, que me suena a “aburrimiento”, y “Nueva”, que me suena a “guay”.

En este artículo, Tomás Melendo me rompe ese esquema y me da otra visión más real y, sobre todo, más profunda de lo supone decir “Sí, quiero” en la vida de dos personas. Lo expresa como un “acto único” que, dicho “en cristiano”, significa lanzarse a la aventura, perder el miedo o algo así. La boda es la acción concreta que marca un antes y un después, y el verdadero “sí, quiero” es el que capacita a dos personas para hacer posible lo imposible.

La verdadera boda no tiene etiqueta y es propia de la gente de hoy o de antes, pero gente lanzada, abierta a nuevas experiencias y aventurera: que apuesta al “todo o nada”, que cree que el amor es lo importante, que arriesga, que desafía miradas de hipocresía ante la llegada de un nuevo hijo y con franca sonrisa dice —y se dice— “a su casa viene”. Gente que lo mismo va vestida de marca, que de Zara, que de hippy. Que lo mismo lleva rastas que se plancha el pelo.

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El fundamento de toda acción educativa

A modo de introducción: Mi diálogo imaginario con el autor del artículo (Por Marta Román)

Marta Román — Tomás, si mis hijos leen esto van a decir que te rayas. Da igual el título del artículo que te lea o de la conferencia que te escuche o de lo que sea. ¡Siempre acabas en lo mismo!, en el amor.

Tomás Melendo — Es verdad, y no es que acabe, es que también empiezo. Lo reconozco, me rayo, como dicen tus hijos y los míos. ¿Qué puedo hacer?

M.R. — Pues no sé, ¿darle un aire más… psicológico?, ¿más de… experto educador a padre desesperado?

T. M. — ¡¡Agg!! Prefiero rayarme.

M.R. — Es que uno lee y se hace preguntas.

T. M. — Pues eso está bien.

M.R. — ¡Pero es que los padres desesperados buscamos respuestas!

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Vale la pena casarse… ¿o va a ser que no?

A modo de introducción: «Niño, ¿qué es para ti enamorarse?» (Por Marta Román)

¿Que si vale la pena casarse? Si te casas para amar y vivir enamorado, por supuesto. ¿Cómo no va a valer la pena triunfar en la vida? Pero si te casas para otra cosa o por otra razón, pues no.

Tomás Melendo es partidario del amor. Y en su artículo se permite el lujo de desgranar deliciosamente su argumentario de pensador y de hombre vivido sobre la estrecha relación entre enamorarse y casarse.

Pero el caso es que de amor y de enamorarse todo el mundo sabe. Así que he hecho una prueba muy curiosa: les he preguntado a mis hijos, como quién no quiere la cosa, a cada uno por separado ¿qué es para ti “enamorarse”? A uno mientras estaba en Facebook, al otro mientras se ponía el pijama, a la otra mientras se iba a hablar por teléfono a escondidas, al otro llamándole como para pedirle algo y soltándole la preguntita a bocajarro… Así, sin mucha reflexión y a sabiendas de que, hasta donde yo llego, no han leído ningún tratado sobre el amor ni nada semejante.

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