5. Querer: núcleo de todo amor

5. Querer: núcleo de todo amor

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Lo que es y lo que no es el amor

Amar implica a la persona toda, pero su núcleo es un acto de voluntad, conocido como querer.

Amar, querer. Estamos ante palabras y realidades clave.

¿Por qué?

Porque su honda y correcta comprensión nos permite conocer más adecuadamente la realidad del amor.

Lo que “no” es el amor

Veámoslo primero por exclusión, examinando lo que no es el amor, aunque a veces se confunda con él.

El amor no se identifica con los me gusta, me atrae, me apetece, me interesa, me apasiona, me late, me provoca… y expresiones similares.

Pues, al término, si se las considera aisladas y se las absolutiza, todas esas acciones y realidades resultan más propias de los animales que del hombre.

Mientras que el querer, tomado también ahora en su acepción más propia, no corresponde a ninguno de los animales, sino que es exclusivo del hombre.

Las apetencias y sensaciones
son comunes a los animales y al hombre;
el querer es propia y exclusivamente humano

a) Los animales…

Los animales se mueven por atracción-repulsión, por instintos, por apetencias, por lo que sienten en cada momento: hambre, sed, calor, frío, miedo, impulso sexual…

Y, en ese sentido, más que moverse, son movidos por su propio estado fisiológico, tal como lo perciben, buscando su propio bien.

Impulsados por lo que sienten —que refleja a su vez el estado fisiológico en que se encuentran—, buscan sin poderlo evitar lo que les resulta beneficioso, y rechazan o huyen de lo que es dañino para su supervivencia: la de cada uno de ellos o la de su especie en cuanto que es la suya.

Por eso —como decía—, más que moverse, son movidos. Magis aguntur quam agunt, explicaba Tomás de Aquino. Más que hacer, son hechos hacer. Más que actuar, reaccionan.

En resumen: los animales reaccionan de manera inevitable a las sensaciones que en cada momento y situación experimentan, y en las que se refleja su particular estado fisiológico en aquel instante (hambre, sed, estímulo al apareamiento, temor, dolor, etcétera).

b) El hombre…

El hombre, no. El hombre trasciende las simples necesidades biológicas, no es necesariamente arrastrado por ellas. Aunque las perciba
de manera análoga al animal, puede trascenderlas, situarse por encima de esas exigencias.

El hombre es capaz de realizar acciones no explicables en absoluto desde el punto de vista de su propia supervivencia… y entonces manifiesta mejor que nunca su superioridad respecto a los animales.

El hombre puede poner entre paréntesis los sentimientos derivados de sus instintos —sus gustos, sus apetencias, sus fobias…— y atender a lo que, gracias a su inteligencia, advierte como bueno en sí y por sí mismo y, por consiguiente, como bueno también para los demás.

En resumen: cuando actúa humanamente, el hombre no se limita a reaccionar a lo que dictan sus instintos, sino que quiere libremente el bien que le presenta su inteligencia.

Lo que “sí” es el amor

Es decir, y marcando más las diferencias, el hombre:

♦ Puede querer y realizar una acción en sí misma buena, por más que a él no le atraiga ni le apetezca ni le interese… e incluso le desagrade y repugne y reporte cierto daño físico o psíquico.

Como sucede, a veces, por poner ejemplos cercanos y familiares, en el cuidado ininterrumpido y cotidiano de los hijos —que pueden resultar agotadores— o de los ancianos y enfermos.

♦ O, al contrario, es capaz de no querer ni llevar a cabo determinada acción, si con su inteligencia advierte que ese acto no contribuye al bien de los otros, aunque le apetezca enormemente o se esté muriendo de ganas por realizarlo.

Acudiendo ahora a una situación que puede repetirse con cierta frecuencia, el esposo desistirá de tener relaciones con su esposa cuando exista, por parte de esta, una causa justificada: malestar, agotamiento, enfermedad…; y cualquier miembro medianamente maduro de una familia renuncia al viaje que le entusiasma y lleva tiempo planeando si se pone enfermo de gravedad su esposo o esposa o alguno de los hijos…

Expresado con otras palabras, el ser humano, varón o mujer:

♦ Puede dejar a un lado lo que siente y cómo se encuentra desde el punto de vista fisiológico y psíquico… y moverse por lo que es en sí mismo bueno o malo, conocido a través de su inteligencia.

♦ Puede actuar buscando lo que es bueno para otro, anteponiéndolo al propio bien, si fuere necesario. Y a menudo actúa de ese modo.

♦ Es decir: puede amar y, con mucha frecuencia, ama.

El hombre manifiesta su superioridad respecto a los animales
cuando deja a un lado lo que siente
y realiza acciones no explicables desde el punto de vista
de su mera conservación individual o específica

(Continuará)

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es