2. Planteamiento: ¡Aprender a amar!

2. Planteamiento: ¡Aprender a amar!

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Un acto de la voluntad

En amplios sectores de la sociedad actual, parece haberse perdido el sentido mismo del amor, lo que este significa en su acepción más elevada y propia.

Como consecuencia, bastantes de nosotros no sabemos lo que es amar; y, como consecuencia, no sabemos amar, al menos, en el grado e intensidad con que deberíamos hacerlo.

Este olvido de lo que implica amar constituye, sin duda, uno de los males más de fondo de nuestra cultura.

Por eso, si aspiramos a levantar e ir consolidando la civilización del amor, hemos de empezar por elevar, en este aspecto concreto, la categoría humana del conjunto de la sociedad.

Es decir, hemos de aprender nosotros mismos y ayudar a que los demás también aprendan, en la teoría y en la práctica, lo que es amar.

Hemos de mejorar nuestro conocimiento del amor y nuestro modo de vivirlo… y procurar que otros también lo mejoren.

Este olvido de lo que implica amar constituye, sin duda,
uno de los males más de fondo de nuestra cultura

Primero, en la teoría

Para comenzar, todos habremos de tener claro que:

♠ Lejos de difuminarse, hasta casi diluirse, en esos efluvios sentimentales o sentimentaloides a los que me referí en el anterior artículo…
♠ Lejos de constituir tan solo una función de pura fisiología o incluso de mera química, que sin duda intervienen en las relaciones de pareja, en las de amistad, entre los hermanos y entre padres e hijos…
♠ Lejos de reducirse a un mero estímulo para el placer o la autorrealización egocéntrica, a una suerte de egoísmo a dos aparentemente compartido, como ya advirtieron Kierkegaard y Soloviev…

Lejos de todo eso, el amor está esencialmente constituido por un “acto de la voluntad”.

Un acto denso, recio y estable, que pone en fecunda tensión a toda la persona.

Un acto con el que se busca, se realiza y se ofrece el bien al ser querido.

Una decidida decisión, profunda, constante y reiterada —casi una obsesión, cabría decir—, de hacer feliz a quien amamos.

Una decidida decisión
—casi una obsesión
de hacer feliz a quien amamos

Una descripción básica

Para empezar a esclarecer el maravilloso misterio del amor, vale la pena acudir a la descripción de Aristóteles en su Retórica.

Nos dice allí el filósofo griego que amar es «querer el bien para otro en cuanto otro».

Tres elementos compondrían la realidad que andamos buscando:

a) Querer.
b) El bien.
c) Para otro (en cuanto otro).

Un ligero comentario de cada uno de estos componentes nos situará en la vía adecuada para intentar comprender a fondo la naturaleza del amor.

Lo haremos en artículos sucesivos.

Amar es querer el bien para otro…
precisamente en cuanto otro

(Continuará)

Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es