Me ha llenado de confianza en el futuro

El saber que el destino de mi relación con mi esposo está en nuestras manos, en nuestra determinación por amarnos y que no es cuestión del azar.

Los estudios del Máster me han ayudado en diferentes áreas de mi vida: en mi vida personal, matrimonial, familiar, con mis amigos, en el trabajo, en la comunidad de la iglesia y fuera de ella. Por ejemplo, participo y coopero de una manera más amorosa en lo que debo hacer o en lo que me piden que haga.

Conforme avanzaba en los estudios del Máster, por fin, se prendió la luz y  comencé a ver con claridad como embonaban las piezas del rompecabezas de la vida; Dios, amor, persona, dignidad, alma, ser, eternidad, perfección, familia, matrimonio, fidelidad, compromiso, padres, procreación, hijos, entrega total, aceptación total, educación, libertad, voluntad, inteligencia, vida afectiva, sociedad y, como resultado, la felicidad.

He podido conciliar el gran amor que Dios, nuestro Padre, tiene por cada uno de nosotros, con mi necesidad de amarle con toda el alma y con todo mi ser, para después poder amar a los demás. He reconocido la importancia de toda y cada persona, desde su concepción hasta su muerte natural. Continúo intentando valorarle, para así brindarle el respeto que siempre se merece, reconociendo su unicidad y procurando su bien.

He comprendido que debe de ser el amor el motor de mis decisiones y acciones, y que debo desprenderme del egoísmo que únicamente busca lo que a mí me conviene y me gusta. Con el estudio de los sentimientos, me he llegado a conocer mejor a mí misma y he podido conocer y comprender mejor a mí esposo, a mis hijos y al resto de mi familia. Hemos podido mejorar nuestras relaciones personales en casa y fuera de ella. Platicamos más, analizamos más, argumentamos más y nos reímos más.

He advertido el papel indispensable de la familia durante toda la vida de cada uno de sus miembros. He comprendido la necesidad de apoyarla y defenderla, dado que es la mejor comunidad para desear, recibir, nutrir, cuidar, educar… en una palabra, amar y enseñar a amar en todo momento a cada persona, pero principalmente durante los años de formación. Comenzando porque son los esposos, que se aman, entregándose y recibiéndose  total e incondicionalmente, quienes contribuyen con Dios, nuestro creador, en la concepción de una nueva vida. La familia es la célula nuclear de la sociedad.

He vislumbrado la importancia de la educación, en específico en el amor, principalmente por parte de los dos padres para con sus hijos.  Es necesario que durante los años de formación se nutran en el amor. Los hijos serán personas que saben amar y se dejan amar, que contribuyen positivamente en nuestra sociedad. Facilitándoles su misión de llegar a ser quienes han sido creados para ser.

He logrado advertir que la ideología del relativismo, actualmente, ha inundado la mente de las personas, alejándolas de la verdad, de la belleza, del bien y de la felicidad, y que es la causa de la pérdida de orientación en la vida. El entender que la verdad puede llegar a descubrirse y defenderse, y que la epidemia del divorcio puede ser combatida, me llena de consuelo. Pare ello es necesario que los matrimonios comprendamos y respetemos la dignidad de nuestro cónyuge. Que descubramos que tenemos la capacidad de alimentar el amor en nuestra relación diariamente. El saber que el destino de mi relación con mi esposo está en nuestras manos, en nuestra determinación por amarnos y  que no es cuestión del azar, me ha llenado de confianza en el futuro. El amor es algo vivo que necesita ser alimentado constantemente y al intentarlo nos perfecciona. Cada persona puede cambiar y mejorar su actuar por medio de la educación de su entendimiento y el fortalecimiento de su voluntad.

Los estudios del Máster me han motivado y alentado a mejorar personalmente. Al mismo tiempo, he incitado a mi esposo e hijos a salir de nosotros mismos y buscar el bien del otro. Estamos tratando de contribuir de manera positiva, cada instante, con nuestro actuar, a amar más y mejor. Queremos participar en la construcción de la sociedad de amor, como nos animan el Profesor Melendo, su esposa Lourdes y su equipo de profesores.

Ha sido gratificante encontrar profesores tan bien preparados, que apoyan a la familia y al matrimonio, que comparten su amor y sus conocimientos con los alumnos. También el encontrar más personas que comparten mis inquietudes y están educándose para seguir ayudando más y mejor a otras personas. Es como estar viviendo un lindo sueño hecho realidad.

Los estudios del Máster han sido un regalo de Dios, una respuesta a nuestras peticiones para que nuestra familia pudiera crecer en todos los sentidos.


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