Amor y felicidad en el matrimonio (7. Más sobre el querer-querer)

Elevado al infinito.

Sobre todo cuando ejerce y experimenta los amores más grandes, que, sin embargo, aún se le antojan pequeños, la voluntad se siente inclinada a reduplicar su amor, a querer-querer…

hanstyle=Pero no todo acaba ahí. La posibilidad de reduplicar el querer no es solo una, sino que cabe multiplicarla indefinidamente. O, con palabras más claras, además de querer-querer, también es posible querer-querer-querer, y querer-querer-querer-querer… y así, progresivamente, hasta alcanzar la meta deseada.

Podría hablarse, entonces, de una producción de fuerzas casi sin fin. De ahí que ese querer-querer  pueda concebirse como el arma de mayor alcance, el gran privilegio de que goza la persona humana a la hora de actuar.

Un arma que, como insinué, conviene aprender a utilizar, sobre todo, en aquellos momentos en que el amor resulta más pleno y jugoso. La alegría y el gozo de estar queriendo deberían servirnos de apoyo para querer aún más, en ese mismo instante, y prepararnos para amar, con o sin esfuerzo, en las diversas circunstancias del futuro.

El arma más poderosa de que goza el ser humano
es probablemente el “querer-querer” de la voluntad

Libre… y no siempre esforzado

Para terminar esta breve descripción del amor, conviene insistir en un punto de particular interés: el querer-querer, como el querer mismo en cuanto acto por excelencia de la voluntad (¡el amor!), no forzosamente va acompañado por un esfuerzo titánico.

No es el empeño ni la dificultad lo que lo caracterizan esencialmente.

Lo esencial en el amor-querer —según he sugerido— es justo la libertad con que lo realizo, el carácter eminentemente activo y libre de esa operación.

Algunas veces, para llevar a cabo ese acto, tendré que empeñarme y forzarme a mí mismo (para vencer la desgana o el cansancio, pongo porvratsa-2554274_1920 caso, o para dejar de hacer algo que me ilusiona). Pero, en multitud de ocasiones, nada de esta será necesario, sino que me bastará con seguir la natural  tendencia de la voluntad hacia el bien que el entendimiento le presenta.

Tal como insinué, cuando amo a mi mujer, a mis hijos o a mis nietos, de ordinario no necesito empeñarme ni esforzarme para hacerlo. Todo lo contrario: tal vez tras un período de fervor apasionado y otro de entrenamiento  con más o menos forcejeo, es lo que me sale  naturalmente.

Y cuando quiero quererlos todavía más —y más y más… y más—, eso no me supone por lo común una especial tensión. El amor que ya les tengo, y los gozos que de ahí surgen —y que he aprendido a disfrutar— me animan a quererlos más aún. Y, para lograrlo, puedo acudir a ese resorte maravilloso, y en este caso carente de esfuerzo, que es el querer-querer.

Lo esencial en el amor es justo la libertad con que amo,
el carácter eminentemente “activo y libre” de esa operación

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es

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4. Amor y felicidad en el matrimonio: Querer: la voluntad… ¡y todo nuestro ser!

5. Amor y felicidad en el matrimonio: Querer: núcleo de todo amor

6. Amor y felicidad en el matrimonio: Querer y querer-querer

Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).