Amor y felicidad en el matrimonio (14. Lo confirma la ciencia)

La experiencia de la droga.

Vimos en el artículo anterior que pretender alcanzar la dicha prescindiendo de su fundamento, tarde o temprano desemboca en fracaso.

Lo confirman las investigaciones realizadas desde hace ya decenios por los científicos a propósito de la droga, avaladas y perfiladas por las más recientes, también en otros tipos de adicción.

Y, así, apoyándose en las conclusiones de un estudio publicado en Medizinische Klinik por Álvarez-Sala, cuando Cardona Pescador resume los fundamentos fisiológicos de la adicción a la droga, se refiere a una curiosa paradoja, que él mismo califica así: «El placer, causa del dolor».

Explica después que el cerebro humano está integrado por dos hemicerebros:brain-2062057_1920

  • El cerebro primigenio, o paleocórtex, que constituye el núcleo regulador de la vida emocional y afectiva, y en el que se encuentra el centro del placer.
  • Y el otro hemicerebro, el neocórtex o cerebro nuevo, específico del ser humano, que interviene en la elaboración del pensamiento racional y en la volición.

Pretender alcanzar la dicha prescindiendo de su fundamento,
tarde o temprano desemboca en fracaso

Estimulación directa o indirecta

El centro de placer puede ser activado de dos maneras: directa o indirecta.

  • La acción de la droga constituye el caso más claro de estimulación directa. La substancia química impregna los núcleos del placer, y casi al instante se producen la euforia y el bienestar interiores. Pero la excitación continuada de este centro lleva a su agotamiento y exige cantidades progresivamente mayores de estupefacientes, o drogas cada vez más fuertes, hasta llegar a la saturación y la ruina de las estructuras nerviosas.
  • La vía de activación indirecta es más fisiológica y natural. El estímulo parte del cerebro propiamente humano y llega hasta el paleocórtex o cerebro primigenio, donde aviva el centro de retribución cerebral… ¡y ahora sí que puede hablarse propiamente de recompensa!

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Todos los nobles esfuerzos del hombre —profesionales, artísticos, deportivos, de solidaridad, religiosos…—, cuando desembocan en misión cumplida, emiten al cerebro inferior estímulos que alcanzan y hacen resonar el centro de remuneración cerebral: y este responde proporcionando el gozo genuinamente humano de la satisfacción tras la realización física, intelectual, espiritual o artística.

Los nobles esfuerzos del hombre,
cuando desembocan en “misión cumplida”,
emiten al cerebro inferior estímulos,
que hacen resonar el centro de remuneración cerebral

A esto se refiere de nuevo Lukas, al escribir: «En las personas sanas, el gozo y la alegría son efectos secundarios del sentimiento de plenitud de sentido interior que les confieren las cosas. En primer lugar, nuestros propósitos se subordinan al sentido que damos a un asunto o emprendimiento, sin considerar si nos provocará gozo y alegría».

Y lo confirma Saint-Exupéry: «Cuando tomamos conciencia de nuestro papel, incluso el más insignificante, entonces solamente seremos felices. Entonces solamente podremos vivir en paz y morir en paz, porque lo que da un sentido a la vida da un sentido a la muerte».

En las personas sanas, el gozo y la alegría
no se buscan directamente:
derivan de la consecución de objetivos
que tienen valor por sí mismos

Con resultados finales contrapuestos

Comparemos de nuevo estas dos vías de producción de deleite: la directa e inmediata de la droga, y la indirecta y más larga, que deriva de un esfuerzo noble y legítimo en cualquiera de los ámbitos del perfeccionamiento personal.

  • A primera vista, esta última lleva todas la de perder, por su más difícil despliegue y porque exige un forcejeo previo. La droga, en cambio, conmociona y hace vibrar de inmediato los centros del placer.
  • Pero a medio y largo plazo la situación se invierte; pues, extenuados por la acción del tóxico, los núcleos de gratificación se tornan también incapaces de vibrar por las vías normales de inducción desde el cerebro superior.

addict-2713526_1920Por eso, el drogadicto pierde la capacidad de ser recompensado por cualquiera de los grandes deberes o creaciones espirituales que proporcionan satisfacción al hombre corriente. Todos los intereses humanos significan poco para él o, al menos, no le causan el gozo que le podrían provocar, porque la remuneración de la tarea cumplida la consigue, acrecentada y sin esfuerzo alguno, con el narcótico.

Para el adicto a la droga, por estos mecanismos fisiopatológicos que describimos, el trabajo, el estudio, la lucha por la vida… no le merecen la pena. Centrado como se encuentra en la consecución del placer, la satisfacción que semejantes quehaceres le podrían proporcionar —y que ya no pueden darle— la tiene al alcance de la mano, simplemente, con un pinchazo de heroína o una toma de hachís.

Sólo que la ingestión repetida del estupefaciente agotará y anulará a la larga el placer, y lo sumirá en un infierno de incapacidad para el goce, en el más completo deterioro de la salud física y psíquica y en una profunda y desoladora tristeza.

Y lo mismo puede afirmarse de cualquier otro tipo de adicción, también de las que no derivan ni dependen de la ingesta o administración de sustancia alguna, como puede ser la hoy tan frecuente —y tan temprana— adicción a las pantallas.

La búsqueda directa y reiterada del placer
desemboca en la incapacidad para experimentarlo

 

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Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).

 

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com