Amor y felicidad en el matrimonio (12. El efecto felicidad)

Cuando la dicha se escapa…

Los artículos anteriores mostraron que la conquista de la felicidad entraña una notable paradoja: cuanto más nos empeñamos en conseguirla, más se aleja de nosotros.

Intentaré, a partir de ahora, esclarecer los motivos de esta especie de contradicción, descubrir las razones que hacen de la propia dicha una realidad escurridiza; más, precisamente, cuanto más se obsesiona uno en alcanzarla.

calculations-2401116_1920Para averiguarlo, acudiré primero al testimonio de los psiquiatras, e investigaré después las claves filosóficas del problema. Y apelaré con frecuencia al deleite sexual, por ser el campo donde más ampliamente se han estudiado, en nuestro tiempo, los mecanismos del placer.

Al respecto, sostiene Frankl, como fruto de su experiencia psiquiátrica: «En la experiencia clínica diaria se advierte una y otra vez que la desviación del fundamento de la felicidad impide a los neuróticos sexuales alcanzar la felicidad. En vez de hacer que el placer sea lo que debe ser, es decir, un resultado —un efecto secundario que surge del sentido cumplido y del ser encontrado—, se convierte en objetivo único de una intención forzada, de una hiperintención. Pero en la medida en que alguien se preocupa del placer, pierde de vista el fundamento del placer, y ya no puede darse el efecto placer».

Y, en un contexto distinto, pero reflejando un fenómeno muy actual y bastante generalizado, explica Pilar Varela: «En algunos ámbitos sociales se ensalza a los atletas sexuales, poniéndolos como ejemplo de lo deseable. Cine, televisión, portadas de revistas, bromas y conversaciones… contribuyen a ello. Sin embargo, reducir el sexo a proeza deportiva o circunscribirlo a récords es ignorar su belleza, su complejidad y su carácter auténticamente humano. Además, esto acarrea un inconveniente que no debe desdeñarse: en las personas más influenciables, el miedo al fracaso, frecuentemente inducido por los prejuicios señalados, debilita la concentración en la actividad sexual propiamente dicha. Se crea así un círculo vicioso: la ansiedad genera fracaso, y el fracaso genera mayor ansiedad…», alejando cada vez más a quien así actúa del objetivo que expresamente pretende conseguir.

En la medida en que alguien se preocupa del placer,
pierde de vista el fundamento del placer,
y ya no puede darse el efecto placer

… es que le falta el fundamento

¿Qué revelan estas citas?, ¿qué añaden a lo que considerábamos en artículos anteriores?

  • Antes que nada, que la felicidad y el placer son un efecto, y que ese efecto tiene una causa o fundamento.
  • Y, además —este sería el punto clave, puesto de relieve por la práctica clínica de Frankl y de quienes lo han seguido—, que el efecto sólo se consigue adecuadamente a través del fundamento.
  • Como consecuencia inmediata e ineludible, que cualquier coffee-2076806_1920otro procedimiento —el de la búsqueda directa, en particular, que es el que hemos considerando en artículos anteriores— resulta inútil o perjudicial.

De manera universal, lo expone el propio Frankl, tomando pie de una sugerencia kantiana: «¿No es cierto que el hombre aspira propia y radicalmente a ser feliz? ¿No lo reconoció ya el mismo Kant, añadiendo tan sólo que el hombre debe aspirar también a hacerse digno de la felicidad? Yo diría que lo que el ser humano quiere realmente no es la felicidad en sí, sino un fundamento para ser feliz. Una vez sentado este fundamento, la felicidad o el placer surgen espontáneos».

Una vez alcanzado su fundamento,
la felicidad o el placer surgen espontáneos

Sin fundamento, no hay felicidad

Tal como sugerí, en la vida de relación sexual, la cuestión no puede resultar más clara. En la medida en que se persigue a toda costa demostrar la propia capacidad y obtener el placer, las relaciones “no funcionan”: ni incrementan el amor recíproco ni generan la satisfacción esperada.

rain-2353879_1920No se trata de una invención ni de una “teoría”. Según muestran distintos análisis experimentales realizados en Estados Unidos, un alto porcentaje de las personas que padecen frigidez o impotencia generan su propio mal —sobre una base orgánica mínima y, a veces, inexistente— por un proceso que los expertos denominan hiperintención o hiperreflexión: es decir, por una excesiva solicitud y un empeño directo y desproporcionado en conseguir su objetivo.

Pero la cuestión no se limita al dominio de las relaciones sexuales. En todos los ámbitos en los que gravita la felicidad se encuentra vigente la misma y fundamental ley: lo que la psiquiatría contemporánea ha demostrado experimentalmente es que,si nos obsesionamos por alcanzar la dicha, sobre todo en sus manifestaciones más hondas y elevadas, jamás la conseguiremos.

En un libro fundamental para nuestro asunto, Cardona Pescador repite que la felicidad se obtiene siempre “per effectum”, como un efecto o corolario inesperado, y nunca “per intentionem”, como término directo de una búsqueda intencional.

La felicidad se obtiene siempre como un corolario inesperado;
nunca como término directo de una búsqueda

Plenitud y dicha

Y explica los motivos de este hecho.

Como ya apunté, la clave consiste en advertir que, para que sobrevenga el gozo o cualquier sano men-2425121_1920deleite de cierto calibre —los que después no pasan factura por los frutos logrados de inmediato—, es preciso alcanzar el estado de plenitud que constituye su fundamento.

Eliminado este, no resulta posible la llegada de aquél; sustraída la causa, desaparece su consecuencia: pues ambas realidades se encuentran ligadas como el efecto que deriva naturalmente de un principio, y sólo de él, y esa misma causa que lo genera.

Teniendo ante los ojos tal realidad, no es difícil comprender por qué, al perseguir directamente la dicha, esta se escapa de nuestras manos:

  • De un lado, según demuestra la experiencia clínica, la felicidad no se identifica con su causa o fundamento.
  • De otro, conforme más y más se intensifican, los esfuerzos humanos se polarizan en una única dirección.
  • Como consecuencia, en la medida en que dirijo mi atención y mis ansias hacia el deleite o el placer, no puedo encaminarlos hacia su fundamento, sino que, al contrario, me aparto de él.
  • Y, entonces, resulta imposible que se produzca como un resultado, que es la única manera correcta de producirse, el efecto-felicidad.
La felicidad necesita una causa, un fundamento
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Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).

 

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es