Amor y felicidad en el matrimonio (11. El refrendo de la psiquiatría)

El ansia de felicidad, autodestructiva.

No solo lo sostienen poetas, literatos y filósofos. Hace ya algunos años que las verdades sobre la felicidad expuestas en los artículos anteriores han obtenido una confirmación decisiva por parte de la psiquiatría.

Y, así, como fruto de la propia experiencia en los campos de concentración, de numerosos trabajos experimentales y de un dilatado y fecundo ejercicio de su profesión como médico y psiquiatra, Viktor Frankl, ex-discípulo de Freud y creador de la logoterapia, ha repetido una y otra vez que «el placer no puede intentarse como fin último y en sí mismo, sino que sólo llega a producirse, propiamente hablando, en el sentido de un efecto, de forma espontánea, es decir, justo cuando no es directamente perseguido. Al contrario, cuanto más se busca el placer en sí, más se pierde».

A lo que añade un eminente psiquiatra español contemporáneo, Juan Cardona Pescador: «La felicidad, en cualquiera de sus formas, desde la más sensitiva, como el placer, a las más trascendentes, como el éxtasis, es consecuencia de una actitud vital no directamente polarizada hacia ella mediante un afán y búsqueda intencional».

Para explicar a continuación: «La cualidad autotrascendente de la existencia humana da lugar a un hecho que el clínico puede observar día tras día, esto es, que el principio del placer es en realidad autodestructor. En otros términos, la búsqueda de la felicidad es autodestructora: constituye una contradicción en sí misma».

Y concluir: «Me atrevo a decir que precisamente en la medida en que el individuo empieza a buscar directamente la felicidad o a esforzarse por conseguirla, exactamente en la misma medida no puede alcanzarla. Cuanto más se esfuerza por lograrla, tanto menos la consigue».

En la misma medida en que más directamente se busca la felicidad…
menos se logra alcanzarla

El “egoísmo racional”

Desventuradamente, toda una categoría de neuróticos lo tiene bien experimentado. Con el mismo ahínco con que hacen de su bienestar enfermizo el objetivo supremo y explícito de su entera existencia, en esa misma proporción se transforman en unos perennes descontentos, en unos perpetuos desgraciados.

mental-health-2211184_1920¿No tenemos nada que aprender de ellos? ¿No dependerá en buena parte la falta de salud mental de la sociedad que nos envuelve, el incremento de los trastornos psíquicos, del desenfreno con que hoy se persigue el placer, el dinero, el éxito, la fama… la felicidad? ¿No serán estas mismas las causas radicales de otros síntomas también frecuentes, como el divorcio, el suicidio, el recurso in extremis al sexo y a la droga, la evasión y la huida del mundo real —consistente y resistente—, sustituido por realidades virtuales, sobre las que ejercemos un dominio casi absoluto, manejándolas a nuestro antojo?

Recordemos que, en estos últimos tiempos, una de las corrientes más representativas del pensamiento contemporáneo, la llamada filosofía postmoderna, ha propuesto seriamente, como ideal de vida, junto al nihilismo y como coherente complemento de él, el egoísmo racional.

Así: ¡el egoísmo!

¿No significa nada esta invitación?

Salir de sí

Acaso haya llegado, por contraste, la hora de reflexionar hondamente sobre las conocidas palabras puertade Kierkegaard, que tantas veces trajo a colación Frankl: «Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro»; quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza; «la puerta de la felicidad se abre hacia fuera», hacia los otros.

O, con una traducción más literal y tomada directamente del texto del filósofo danés: «¡Ay! La puerta de la dicha no se abre hacia dentro, de tal manera que uno pudiera abrirla de un empujón lanzándose sobre ella, sino hacia fuera; por eso no hay nada que hacer».

¿Nada que hacer?

Así parece explicarlo Lukas, con palabras que resumen buena parte de lo expuesto en este primer capítulo: «Nada puede hacerse, nada en absoluto, con el fin de ser felices. Cuanto más nos empeñemos en hallar la felicidad, tanto peor será el resultado. Lo que sí puede hacerse es vivir y actuar impulsados por un sentido determinado a partir de motivaciones genuinas, y dejarse sorprender por la dicha».

¡Dejarse sorprender…!

«Cuanto más nos empeñemos en hallar la felicidad,
tanto peor será el resultado» (Lukas)
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Nota:

Un desarrollo bastante más amplio de este tema puede encontrarse en Melendo, Tomás: Amar, aquí y ahoraEdufamilia (www.amazon).

 

(Continuará)

 Tomás Melendo
www.edufamilia.com
tmelendo@uma.es