Diez principios y una clave para educar correctamente (2: Amor real a cada hijo).

En la confluencia de tres amores.

Planteando el asunto del modo más hondo y radical posible, las claves de la educación, y de todas las tareas que lleva consigo, se encierran en un solo término: amar —es decir: amar ¡bien! y en los dos corolarios que de ahí se siguen:

1. ¡Aprender a amar!, sin nunca, nunca, dar por supuesto —en contra de lo que a menudo sucede— que ya se sabe hacerlo…

2. Y sin imaginar tampoco que uno va a lograrlo como por arte de magia, sin poner de su parte cuanto fuere necesario para querer cada vez mejor.

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La nieta que se nos fue al Cielo.

Inesita.

Porque quizás a alguien le ayude, querría contar algunos detalles del tránsito por la tierra de nuestra nieta Inés, que, gracias a Dios, fue tan breve como maravilloso.

María, nuestra hija mayor, y Angelma, su esposo, tienen tres hijos varones.

Como estaba previsto, el domingo, 10 de mayo de 2015, María dio a luz a su cuarto-quinto hijo, la primera niña.

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Lo primero es… lo primero

Vivir en sintonía

A lo largo de mi labor de décadas con familias, he llegado a la conclusión de que una familia sólo puede vivir en sintonía si cada miembro tiene una función asignada.

La armonía familiar se asemeja a la de una orquesta donde cada instrumento es importante, cada voz es útil, pero también donde cada músico depende de los otros miembros del grupo que lo acompañan y que, en el momento oportuno, llevan la voz cantante.

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Para ayudar a mejorar…

Querer que sea… y que sea bueno.

Junto a la afirmación en el ser de la persona querida —¡es maravilloso que existas!—, el auténtico amor busca su verdadero bien: procura por todos los medios que mejore como persona y, como consecuencia, que sea más y más feliz.

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Defectos, ¿limitaciones?, ¡diferencias!

¡Distingue y triunfarás!
Si nos tomáramos en serio…

Si nos tomáramos en serio la tan repetida afirmación de que cada persona es única e irrepetible, habríamos de concluir, en primer término, que todos somos diferentes a… todos los demás.

Y diferentes en todo, también en nuestros defectos, en nuestras limitaciones… ¡y en nuestras diferencias!

Pero una cosa es saberlo y otra vivirlo.

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Corregir defectos… (y 2)

Perder y ganar

¿Por qué, si está más que comprobado —y quien más quien menos tenemos experiencia propia— que fomentar cualidades es más estratégico que corregir defectos, nos empeñamos en centrar casi toda nuestra atención en estos últimos?

Y eso, tanto en la educación de nuestros hijos como en el trato con nuestro cónyuge.

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Corregir defectos…

¿Corregir defectos o fomentar cualidades?

 

¿Corregir defectos o fomentar cualidades? Es difícil convencerse, en la educación de nuestros hijos y en el trato con nuestro cónyuge, que fomentar cualidades es siempre mucho más rentable que corregir defectos; y que lo mejor que puede hacerse con los defectos es… ignorarlos.

Para los más recalcitrantes, me limito por ahora a transcribir, literalmente, el experimento que recoge Elisabeth Lukas.

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CON LA FUERZA DE LA FAMILIA (I)

1. Aventureros

Al comparar el vigor educativo de la familia con el influjo de las restantes fuerzas sociales, son cada vez más los que adoptan una actitud de defensa. Y es fácil comprenderlos. Desde hace ya decenios, y de manera progresiva, la familia se ha visto transformada en el centro de los ataques de toda una civilización.

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CON LA FUERZA DE LA FAMILIA (II)

4. Desde la familia

El camino hacia la civilización del amor lo compone, pues, la familia, si en efecto luchamos para que sea lo que es, si en su seno nos esforzamos por forjar auténticas personas: principios y términos de amor, con personalidad singular, irrepetible.

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